Dándole vueltas a ‘Backspacer’ (II)

Puedes leer aquí la primera parte.
Queda la última parte del análisis y la más complicadilla: ¡las esquinas! Y digo complicada porque no parece haber una relación o simetría entre ellas. Pero como tengo ganas de darle a la mollera, empecemos a ver si encontramos algo: quitando la de la esquina inferior izquierda, en todas las esquinas se ve a un hombre en primer plano con algún elemento extraño a su alrededor, dos de ellas relacionadas con el fuego como símbolo de la destrucción, una del pasado (el ferrocarril, metáfora de la industria decimonónica, que persigue al hombre) y otra del futuro (un autómata superviviente de un holocausto nuclear, metáfora de la industria moderna que lleva a la extinción de nuestro mundo ayudada por un agente externo como es una invasión alienígena). Menudo panorama, ¿verdad? Parece que no hemos hecho muy bien las cosas y que estamos destinados a estropearlo todo.


Pero alto, ¡no desesperemos! Movamos nuestros ojos un poco más a la derecha, donde están las dos viñetas que nos faltan (os lo prometo, cuando empecé a escribir esto no pensé que fuese a ser tan largo).
En la esquina superior vemos a un mago (el mismo hombre que está con el autómata: ¿dicotomía ciencia-religión?), en una posición típicamente shakesperiana, sosteniendo un cráneo del que salen palomas, ángeles, murciélagos y demás. Todo esto son los sueños, las ilusiones que hacen del ser humano lo que son, criaturas con sus virtudes y defectos (fijémonos en esos dos diablillos que susurran al mago al oído), pero únicas y especiales al fin y al cabo.
Y a eso es a lo que llegamos, al final, con una última viñeta (esquina inferior derecha) que bien podría ser la caída del telón, la muerte. Porque eso es lo que se ve: una mujer dormida y acostada, vestida de rojo pasión (en latín passio: sufrir, padecer) en un mar oscuro, como si fuese el agua del lago que recorre el barquero Caronte para llevar las almas de una orilla a otra.
Conclusión: el cerebro es la clave de todo. Es la mente la que nos hace soñar, crear, sufrir y vivir la vida. De hecho, la mente es la que permite escuchar este disco y la que me permitió hacer este comentario. ¿Y sabéis qué? Puede que esta portada no signifique nada de lo que he escrito y simplemente sean dibujos bonitos. Sólo el tiempo (y el dibujante) lo dirán.







madre de dios!
la verdad, es que me has hecho pensar Dr. Freak… y la verdad es que estoy casi de acuerdo, aunque matizaría…
Y es que efectivamente, la imagen central es la del cerebro y por ende, la de mayor peso… Partiendo de ella, y siguiendo los cables que salen del recipiente… el resto son un despliegue de lo que ese cerebro contiene. Se trata de un cerebro humano y de ahí que ninguna imagen tenga que ver con la otra. La portada de Backspacer es un “todo” caótico. La impulsividad, el miedo a la muerte, el mágico equilibro entre el bien y el mal, el deseo de estabilidad, el deseo de aventura, la incomunicación, el sexo, las ganas de dejarse llevar…
Todo cabe en un cerebro humano y por tanto, todo cabe en la música que se hace desde ese cerebro/cerebros.
muy chulas ambas entradas!
Información Bitacoras.com…
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Tu análisis también me gusta y me convence,gabihey.Por eso puse al final que la última palabra la tiene el dibujante, ¡para cubrirme las espaldas!
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