Quema de libros: ‘Fahrenheit 451′

Hace no tanto tiempo escribía aquí una breve introducción a 1984, enlazándola con lo que se ha dado en llamar “la Trilogía de las antiutopías“. Pues bien, es el momento de hablar de la segunda de las tres novelas: “Fahrenheit 451″.
Es el más corto de los tres, el que tiene la trama más simple y el que describe menos detalladamente la sociedad en la que se desarrollan los acontecimientos. A pesar de todo, Ray Bradbury consigue que la atmósfera de perfección simulada, de felicidad artificial, plastificada, se palpe en cada página. El argumento es simple: el trabajo de los bomberos no consiste en apagar incendios, sino en causarlos para quemar libros. ¿Por qué? Porque los libros hacen pensar y pensar lleva a ser distinto, a la individualidad y, en último extremo, a la infelicidad. Así, para crear una sociedad feliz e igualitaria se prohíbe el pensamiento prohibiendo la lectura. A cambio, la televisión (que ocupa paredes enteras, en ocasiones las cuatro, en los salones), socialmente más sana y menos propensa a provocar el pensamiento y por tanto la infelicidad, ocupa la mayor parte del tiempo y de las ilusiones de los habitantes del país, ignorantes (aunque, en el fondo, es más desidia que ignorancia) de que una guerra puede estallar en cualquier momento.
El protagonista de la historia, Montag, es uno de esos bomberos cuya misión, por el bien de la sociedad, es destruír libros. En la vida de todo bombero llega un momento en el que se plantea el “por qué” de su trabajo, “¿qué tendrán los libros para que sean tan peligrosos?” y aunque la mayoría supera esta pequeña crisis sin incidentes, Clarisse, vecina del protagonista, aparece en el momento preciso para complicar las cosas. O para aclararlas, según se mire.
Esto último es una constante en los tres libros de los que hablamos: el protagonista, perteneciente a una de las clases medio-altas de la sociedad a la que pertenece, comienza a criticarla. Comienza a pensar, por alguna extraña razón, que hay algo que no está bien. Desencajan en el mundo perfectamente organizado en el que viven.
Una curiosidad: La temperatura a la que el papel se inflama y arde es 451 grados Fahrenheit (233ºC).
Y, como siempre, mejor en versión original.








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Tengo pendiente este y 1984, que Un mundo feliz ya lo leí. ¡Espero recuperar rápido esta lectura olvidada!
A la espera de leerme el libro, ¿todo tipo de papel arde a esa temperatura? Porque, por ejemplo, el papel que se usa en las revistas no es de la misma calidad que el que se emplea en los libros, o en los periódicos (y dentro de éstos, no es lo mismo el del 20 minutos que el de uno generalista de pago)…
Ah, y estoy en la misma situación que Doctor Freak en lo referente a esta Trilogía de las Antiutopías…
Es un pedazo de libro, genial, buenísimo… y los folios-cartulinas de javimetal ya llevan un recubrimiento de amianto para q no ardan, hehe xD
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