‘The Housemaid’, buscando en el baúl de los recuerdos

Servidor no es un experto en cine, simplemente me gusta. No soy un entendido, y me quitas de cosas más o menos comerciales, y me pierdo con nombres de directores, actores (ya no digamos guionistas, productores) del cine más independiente.
Puedo presumir de conocer algo más de música, y de brasear a todo el mundo constantemente con lo injusto del mercado musical, y de que cientos de maravillosos discos jamás lleguen a los oídos del gran público.
Pues algo así pasa, en el cine, con The Housemaid, una joyita coreana rescatada de un baúl de los recuerdos por una especie de ONG de pelis olvidadas que comanda Martin Scorsese. Y es que cuando el director de Taxi Driver la vio, se quedó tan prendado que llegó a decir que era una de las tres mejores películas de la historia del Cine. ¿Se le fue la olla a Martin?. Pues probablemente, si. Pero ese enamoramiento permitió que se restaurase y llegase a nuestras vidas. Gracias.
The Housemaid, es la historia de un maestro de piano al que le comienza a complicar su ordenada vida familiar, cuando, al mudarse a una casa mayor, contrata una criada. Ésta se enamora de él, y el supuesto atractivo del varón (no es que lo ponga en duda, es que a mi no me parece gran cosa) trae de cabeza a alguna otra jovencita que le complica la vida, y su situación laboral.
La criada, movida por un desequilibrio emocional se convierte en una amenaza constante para el matrimonio, como para sus hijos, una preadolescente obligada a andar con muletas, y un crío algo insoportable, que no para de burlarse de todo el mundo.
Se suceden problemas, discusiones, tensiones, y te empapa con ese estilo tan de Hitchcock de cortar el suspense, de tirar de humor negro, de jugar con suposiciones (estará el vaso envenenado o no?, igualito que en La Sospecha, con Cary Grant). Todo se va retorciendo hasta dejarte sin respiración, y te hace preguntarte si será posible un final que no recuerde a Shakespeare… y lo es. De hecho, aunque para mí de lo poquito que sobra en la película son los 30 segundos finales a modo de epílogo, no se le puede negar a Ki-Young de hacer algo que yo no había visto nunca antes… ni ahora, 50 años después.
P.D.- A menudo me quejo de que unos maleducados que se dediquen a hablar en los conciertos y a gritar, te pueden joder el recital. Bien, pues aunque menos habituales, subnormales en el cine, haberlos, hailos.







Hay grandes joyitas en la cinematografía asiática, especialmente Corea y Japón, que son las grandes desconocidas. Además, este tipo de cine es muy distinto al europeo, americanos, sudamericano…es totalmente distinto.
Manderley
[...] culpa: no he visto nada más de Ken Loach. Ignoro su trabajo anterior. (como decía aquí Dr. Chou, no sé de cine, y ese algo más de música sólo me sirve para acalarodas discusiones [...]
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