Sitges 2009: el triunfo de Zowie Bowie
Recuerdo haber leído una crítica (me perdonaréis no recordar dónde) del fugaz Daydream Festival del año pasado en la que decía que el concierto de Faust había sido “un regalo para los que están en el paro”. Efectivamente, por muchas ganas que tuviéramos de ver a estos dinosaurios del krautrock, pocos fueron los que pudieron llegar al Parc del Fòrum un jueves laborable a las cuatro de la tarde. Con el Festival de Sitges a veces tengo la sensación de que ocurre lo mismo: que si no eres estudiante, parado u ocioso vocacional no es fácil que te acerques a este pueblo a ver una peli un miércoles a las once de la noche, por muy potente que sea. Y da la sensación también de que, sabedores de que los fines de semana se vende todo el papel, muchas veces lo mejor de la programación se ubica en los días a priori más complicados.
A pesar de ello, es difícil que uno salga defraudado del festival a poco que el número de películas vistas sea mínimamente representativo. Por ejemplo, The Countess, tercera incursión en el largometraje de la actriz (y cantante) francesa Julie Delpy, es una estimable traducción cinematográfica de la historia de la condesa Elizabeth Báthory; la interpretación de la propia Delpy es, precisamente uno de los puntos fuertes. La Horde, dirigida por los también franceses Yannick Dahan y Benjamin Rocher, es un nuevo capítulo del subgénero zombi. Extremadamente violenta y sangrienta, mantiene el ritmo y entretiene sin desfallecer en ningún momento, aunque sí, sin inventar nada nuevo, como quizá tampoco lo invente la gamberra Dead Snow y sus peculiares zombis nazis.
En el capítulo un poco más mainstream se vio, por ejemplo, Solomon Kane, fantástica película de aventuras a caballo (nunca mejor dicho) entre Conan y Van Helsing que no defrauda en absoluto a los fans del género, o la divertidísima Bienvenidos a Zombieland (que se estrenará en España el 25 de diciembre), una comedia-despiporre también de temática zombi y que tiene dos puntos claramente destacados: un Woody Harrelson más Woody Harrelson que nunca y una estrella invitada (que no desvelaremos) que tiene una desternillante y autocrítica aparición. Un film carne de festivales como éste que recibió el Premio del Público.
Y, por supuesto, también ha habido lugar para el cine más (abramos comillas) intelectual y de autor (cerremos comillas). Aquí se ha visto, por ejemplo, Cold Souls, una especie de Cómo ser John Malkovich con el gran Paul Giamatti que cuenta con un punto de partida realmente estimulante pero cuya pretenciosidad la hace un poco árida a ratos. O también Thirst, presunta última genialidad del señor Park Chan-wook, que ha embelesado a sus incondicionales, pero que a quienes no flipamos automáticamente con todo lo oriental nos ha parecido tediosa, inconexa y ciertamente abominable.
Al final ha arrasado el señor Duncan Jones (de segundo nombre Zowie e hijo del gran Ziggy Stardust) con la recién estrenada Moon, un intento de recuperar la ciencia-ficción más densa de los años 70 que se ha llevado nada menos que los premios a la mejor película, actor, guión y diseño de producción.
En fin, que Sitges cierra un año más como cita consolidadísima (ha crecido notablemente en número de espectadores) a la que, en vista de que solucionar lo de los retrasos parece imposible, sólo le hacemos ese reproche: decididamente, señores organizadores, queremos más chicha en los días más accesibles.







La verdad es que Sitges parece una prueba de que aún se puede hacr buen cine (y cine original, que no siempre es lo mismo), a pesar de lo que lleva llegando a nuestra cartelera en la última época, porque quitando excepciones, madre mía… ¡cómo está el percal!
Y como ya dejé claro con mi crítica, yo sigo hipnotizado por Moon…
Información Bitacoras.com…
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Lo de la chicha en los días más accesibles igual no les interesa, si prefieren mantener su aura de Festival de Culto (y de cultos…).
Y con respecto al aumento de público, ¿crees que les favorece al festival como un estímulo a nivel organizativo, o que buscarán a partir de ahora un mayor beneficio económico y descuidarán la programación?
Nah, Sitges ya estuvo a punto de cagarla del todo hace años, cuando intentó convertirse en festival “generalista” y creo que ha aprendido de sus errores y ha dejado de probar experimentos raros. Lo cual, por otra parte, es lo lógico, porque, después de cuarenta años, por mucho que en una edición subas un 20% de público, tampoco te vas a volver loco. Si sirve para no perder patrocinadores o subvenciones e incluso ganar alguno para mejorar alguna cosilla, perfecto, pero creo que el festival tiene el tamaño perfecto y dudo que le sentara bien hacerse más grande.
[...] a su audiencia natural, para recordar lo bonito que es San Sebastián, el idílico clima de Sitges, o lo lujoso que es Cannes (es un decir). Pero a veces forma parte de una estrategia mucho más [...]
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